Soy un intento de escritora de ciencia ficción, amante de la tecnología, que aspira a convertirse en ingeniera industrial. Tengo mi propio modus operandi en la vida y por eso me llaman "indie" (o rara, según la persona). Mi género de música favorito es el que da nombre a mi forma de vida. Además, soy una enamorada del espacio. Mis hombres son Isaac Asimov, Iron Man y Sherlock Holmes.

Seguir el blog.









De estrellas. 11.11.11
0 leyendas:
COMENTAR

"—Querido Draco, ¿hacia dónde miraremos?

—Hacia las estrellas, Bowen, hacia las estrellas."




Últimamente sueño menos de lo habitual con volar.

Sin embargo, hace poco se me ocurrió la idea de ser una estrella. No me malinterpretéis. No quiero ser una estrella de rock, no quiero ser un ídolo de masas, no quiero que me señalen por la calle y que tenga que vivir oculta por fans pesados... no.


Yo sólo quiero ser una luz enorme, que guíe, que haga llegar a puerto seguro las embarcaciones cuando están en alta mar; yo sólo quiero dar calor y luz las mañanas de primavera, cuando te despiertas con el dulce trino de los pájaros, y quiero ver dormir a la humanidad plácidamente todas las noches. Quiero ver sus sueños, incitarles a que los cumplan; quiero motivarles a creer en cosas que, en un principio, parecen imposibles; quiero hacerles levantar la vista y admirar la belleza del universo y que, cuando me vean junto con el resto de mis compañeras sueñen con un mundo mejor, sueñen con que todo es posible y al final, crean que todo puede suceder. Quiero despertar sentimientos, arrancar sonrisas, suspiros somnolientos, quiero ser grande, como una estrella, pero al mismo tiempo quiero pasar desapercibida entre un millón de personas que también son grandes y... quiero vivir mucho, como los luceros y ser testigo de cambios, de alegrías y de tristezas. Y es que yo pertenezco a esa maravillosa especie que es capaz de hacer esto y mucho más, pero que, sin embargo, no lo hace. Parece que se han aletargado sus corazones, que se han dormido sus sentimientos. Por eso, precisamente, yo quiero estar ahí arriba, lejos de este lugar.


Quiero ser una estrella. Pero sé que eso no está en mi mano y alzo la vista al cielo, observo los miles de puntitos luminosos de la noche y pienso que alguno de ellos, quizás, alguna vez, deseó ser una persona.

Etiquetas:

De porqué hay que perseguir a los sueños. 30.7.11
1 leyendas:
COMENTAR

Morfeo se me antojó estúpido. Me miraba con ojillos de carnero apaleado y me cantaba una nana para bebés. Pero yo tengo 30 años. ¿Porqué me cantaba una maldita nana? En fin. Los dioses son... dioses. Demasiado perfectos como para darse cuenta de que en su enorme arrogancia comenten errores de mortales. El tono azulado apagado del dios y la nana infantil sin sentido alguno hicieron propicia la escucha. Porque al parecer, tenían algo que contarme. Sí, los dioses. O quizá habían sido esas setas que me había comido con los colegas. Nunca llegué a tenerlo del todo claro. Pero bueno. Me puse a escuchar. A las 7 de la mañana, con un colocón increíble, me puse a escuchar lo que me tenía que contar un tipo con alitas en los tobillos mientras oía cantar a otro tipo azul. Sí, yo soy así. Pero qué le vamos a hacer... Es lo que hay. Y me contaron una leyenda vieja como el tiempo, forjada hace eones, cuando los hombres comenzaban a dar sus primeros pasos y el fuego era tan increíble como lo es ahora el espacio, me contaron una historia que al final, siempre se me quedará grabada en la cabeza...

<<Cuentan que hace miles de millones de años, existía un herrero. El hombre en cuestión, era el herrero de los dioses y su misión no era otra que forjar los rayos de Zeus, para que este pudiera gobernar el monte Olimpo. Onócles, pues así se llamaba tal herrero, tenía un inusual pasatiempo: a parte de forjar los rayos de Zeus, forjaba sueños para los humanos, seres huecos que apenas sabían hablar ni escribir. Onócles no era un tipo especialmente amigable. Por las mañanas tomaba un pedazo de nube, lo colocaba en su fragua y se dedicaba a martillearlo hasta que tuviera forma de rayo y, una vez realizado esto, le daba la rabia que los dioses desperdigaban por ahí. Así, estando el rayo cargado, lo guardaba en un armario hasta que el imponente dios de los dioses le pedía que se lo entragara. Y por las tardes tomaba un pedazo de nube y en vez de martillearlo, lo amasaba con el cariño y la bondad que los dioses abandonaban por el camino y lo guardaba en un cajón secreto de su estudio. Por aquel entonces, se empezó a oír en el Olimpo el rumor de que un ladrón, Prometeo, se había adentrado en el palacio y le había robado el fuego a los dioses, su bien más preciado. Onócles no era estúpido, y sabía que el fuego de los dioses daría forma al alma de los humanos, que hasta entonces no eran más que un amasijo de carne puesta en la tierra y que no tenía ninguna aspiración. Así pues, preparó los rayos y se los entregó a su señor, que enfurecido, desató una gran tormenta en la tierra y se puso a buscar al famoso Prometeo. Bueno, a estas alturas, todos sabemos qué es lo que pasó con Prometeo: acabó atado a una montaña siendo inmortal, y todas las mañanas, al alba, un halcón le comía las entrañas entre terribles dolores. Pero la historia de Prometeo no es lo que nos interesa, sino la de Onócles. Onócles descubrió, para su sorpresa que los humanos ya no eran seres huecos, que tenían inteligencia, que comprendían el mundo... Pero no tenían aspiraciones. Y recordó sus sueños, los que forjaba durante las tardes. ¿Eso podría darles más motivación para vivir? ¿Eso no haría que fueran tan fríos y calculadores, sino que sintieran bondad y amor como sus jefes? Y así, pensando y pensando, Onócles llegó a la conclusión de que un humano con sueños sería más cercano a los dioses y que por tanto, comprendería la hermosa labor de estos. Así pues, decidió esparcir los sueños por el mundo. Pero cuán tamaña fue su sorpresa al descubrir que los sueños volaban de un lado a otro sin rumbo fijo, y sólo podían ser percibidos por los humanos cuando caía la noche y dormían. Y poco a poco los humanos fueron viendo los distintos sueños que había forjado Onócles y se enamoraban de ellos. Así, hubo gente que se enamoró de la idea ser pintor, escritor, poeta, compositor, cazador... y miles de cosas más. Pero lo que más le sorprendió a Onócles es que, los humanos, al despertar, tomaban conciencia de sus sueños o mejor dicho, de su amor hacia ellos y se dedicaban a perseguir al que más le gustaba por todo el mundo. Desde entonces los humanos estamos condenados a (o tenemos la suerte de) visualizar los sueños de Onócles y perseguirlos hasta el fin del mundo.>>



Esta leyenda no es berídica. Los dioses, como Morfeo o Zeus, o el tipo de las alitas en los tobillos , Hermes, son dioses que existen en la mitología Griega, al igual que Prometeo, que se le atribuye entregar el fuego de la sabiduría a los humanos cuando se lo robó a los dioses. El castigo también está en la mitología griega. Sin embargo, Onócles es un personaje de mi invención, lo mismo que esta leyenda. Pero sí es cierto que Zeus tenía un siervo que se encargaba de forjar sus rayos y a partir de ahí, yo me he inventado este relato. La primera parte también es inventada, no está basada en nada de lo que me haya podido ocurrir a mí xDDDD.

Etiquetas:

De cómo la esperanza es lo último que se pierde. 3.6.11
2 leyendas:
COMENTAR

Hace apenas unos minutos me ha llegado un mensaje que me dice que mire a la luna. La he buscado con la mirada por el cielo pero no la encontraba. En ese momento, he pensado que la mitad de la gracia del mensaje había desaparecido. Justo cuando me iba a separar de la ventana, entre dos rascacielos, he visto asomar la luna.

¿Sabéis algo?
Hoy la luna parece la sonrisa de un gato.

Etiquetas:

De cómo la lectura engrandece el alma. 29.5.11
0 leyendas:
COMENTAR

Sólo diré que soy quien soy por esas cosas de papel que algunos han odiado, otros no han sabido interpretar, otros muchos han quemado y que la mayoría ha sabido valorar.




Etiquetas:

De cómo un intento fallido de conciliar el sueño se convierte en una historia que la gente tiene la valentía de leer. 27.5.11
0 leyendas:
COMENTAR

Supongo que yo quería que Alma de Gorrión fuera grande. Y ahora me doy cuenta de que lo es. Anda que si lo es. Muchos de los lectores que me dicen que lo hago muy bien no saben que en realidad toda la historia la escribe un mono (Amedio) que tengo secuestrado por aquí. Lo único que se me puede atribuir es la idea… ¡Ah, la idea!

La idea de mi novela surgió en un sueño. Sí, justo en ese momento en el que Morfeo te dice que Nanhai de la china, que no piensa pasarse por tu casa y las ovejitas empiezan a meterse en el redil y a ser contadas por un pastor un poco cansado, comenzó a maquinarse en mi cabecita la perspectiva de lo que en un principio iba a ser un relato corto. De hecho, la primera cita, la que está al comienzo de la historia, es el relato corto que inventé. Y después no sabía ponerle título… ¿Qué título le ponía? ¿Qué título? Y con esta disyuntiva me quedé yo dormida en mi camita. Al levantarme sólo había un nombre en mi cabeza, un nombre… Alma de Gorrión. Y el resto fue obra y gracia de la clase de sociales.

O también se puede ver desde el punto de vista en el que la gente dice… “El resto es (una) historia.”

Etiquetas: ,







"I'm the master of my fate: I'm the captain of my soul".