Soy un intento de escritora de ciencia ficción, amante de la tecnología, que aspira a convertirse en ingeniera industrial. Tengo mi propio modus operandi en la vida y por eso me llaman "indie" (o rara, según la persona). Mi género de música favorito es el que da nombre a mi forma de vida. Además, soy una enamorada del espacio. Mis hombres son Isaac Asimov, Iron Man y Sherlock Holmes.
Yo soy el patito feo, la oveja negra, la rara, la loca, la que no encaja. Yo. Yo. Yo. YO. Muchas veces me lo pregunto. ¿Realmente este es mi hogar? ¿No seré acaso ese huevo de cisne estraviado en el gallinero? Me gusta pensar eso. Me hace sentir... especial.
OH, PORQUE YO SOY MUY ESPECIAL.
No sé si en el buen sentido, en el mal sentido, o si es un sinsentido, pero soy especial. En realidad, todos los somos, pero hay gente que es tan especial, que no parece de este mundo. Me gusta definirme como el pequeño Stich... Un perro de otro planeta que no encuentra su hogar, hasta que no llega con Lilo. A mí lo que me falta es "una Lilo". Hasta que la encuentre, seguiré siendo el patito feo, la oveja negra, la rara, la loca, la que no encaja.
Y eso es muy divertido.
¿Creías que me sentía mal por no ser como el resto? No, amigos. El mundo es de aquel que sabe liderar, y los que saben liderar no imitan al resto, no son estereotipos ni prototipos de nadie. Me gusta pensar eso. El mundo es de aquellos que saben andar solos por la vida, que no encajan y que encima, se divierten con ello.
Lo mejor de todo, es la cara que pone la gente cuando te ve. ¡OH, QUÉ RISA!
HAZ QUE EL MUNDO TIEMBLE BAJO TUS PIES.
(Y NO BUSQUES LA ACEPTACIÓN DE ESTE, NO LE SUELE GUSTAR ESO DE TEMBLAR)
Ella está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Dentro de nada comenzaré los exámenes globales. Mi colegio (que no instituto) es de lo más estresante. Tenemos parciales de todos los temas que damos en cada asignatura, después, al final del primer y segundo trimestre, lo exámenes trimestrales y ya por último, al final del tercer trimestre los globales. Por lo que os podéis hacer una ligera idea de lo que me pasa cada vez que veo que las vacaciones se acercan.
A parte de estudiar, que bastante malo es, lo peor de todo esto es que no puedo escribir, ya que me queda poco tiempo y se me amorcilla el cerebro en este tipo de ocasiones, lo paso fatal en los exámenes, dejo de comer de forma repentina (lo que varias de mis compañeras envidian ya que esto hace que llegue aún más delgada al verano) y encima toda mi buena voluntad para dejarme las uñas largas se va al traste. En fin, es una locura.
Supongo que yo quería que Alma de Gorrión fuera grande. Y ahora me doy cuenta de que lo es. Anda que si lo es. Muchos de los lectores que me dicen que lo hago muy bien no saben que en realidad toda la historia la escribe un mono (Amedio) que tengo secuestrado por aquí. Lo único que se me puede atribuir es la idea… ¡Ah, la idea!
La idea de mi novela surgió en un sueño. Sí, justo en ese momento en el que Morfeo te dice que Nanhai de la china, que no piensa pasarse por tu casa y las ovejitas empiezan a meterse en el redil y a ser contadas por un pastor un poco cansado, comenzó a maquinarse en mi cabecita la perspectiva de lo que en un principio iba a ser un relato corto. De hecho, la primera cita, la que está al comienzo de la historia, es el relato corto que inventé. Y después no sabía ponerle título… ¿Qué título le ponía? ¿Qué título? Y con esta disyuntiva me quedé yo dormida en mi camita. Al levantarme sólo había un nombre en mi cabeza, un nombre… Alma de Gorrión. Y el resto fue obra y gracia de la clase de sociales.
O también se puede ver desde el punto de vista en el que la gente dice… “El resto es (una) historia.”